1- Viajar en la Business Class de un vuelo transoceánico es el sueño de cualquier consumidor en esta sociedad de ex-campesinos. Volamos amurallados en el confort y la seguridad, con una vida asistida al minuto, alejada de cualquier incertidumbre. Azafatas, sonrisas, ordenadores, cien botones: ¡Antes muertos que sencillos! De noche, exiliado en un sillón que parece una cabina espacial, armado de sus cascos y su pantalla, de su máscara para dormir, cada pasajero parece un Alien en órbita sobre la tierra. Zumbido de avión, sueño, whisky, películas, ventanas delirantes de luz cuando crees que es plena noche. Pocos de nosotros, empujando la leve cortina de la separación, bajamos a la clase turista. Posiblemente la gente sabe lo que hace, pues las clases se mantienen hoy con una leve cortinilla, una metáfora sostenida por la fe en la separación, en el nivel de vida. Comparados con nosotros, la gente de clase turista parece hacinada, hundida en el tedio de un tiempo que uno mismo tiene que rellenar constantemente con su pensamiento, sus lecturas, sus ocupaciones, su imaginación. ¡Qué atraso! Nuestro confort, asistido por sonrientes otros y por aparatos electrónicos, se prolonga después en el hotel Caesar Park, donde la vida discurre afelpada. Por supuesto, aburridísima, pero automatizada. Este hotel es, en fin, el sueño de nuestros sobrinos, toda esa panda familiar de adolescentes fascinados por el lujo, el tamaño y la potencia. Se comprende ahora a esa estrella del rock, de origen tantas veces humilde, cuya única diversión, entre actuación y actuación en países que no comprende, es destrozar habitaciones de hotel.

2- Dandy de la clase media, durante unos días vives como un virrey entre moquetas. Colmado de atenciones, rodeado por sirvientes robóticamente sonrientes, impenetrables empleados vestidos de negro que jamás conocerás, pues se limitan a responder todas las preguntas, a resolver cualquier duda o contratiempo. Lujo, aburrimiento, comodidades, el fluir silencioso de la clase rica y su pésimo gusto, al cual perteneces y no perteneces. El lujo es una muralla contra la existencia. Por eso el auténtico enemigo de la clase media mundial es lo real mismo, multiplicándose en las mil metáforas anuales del terror, desde los islamistas al cambio climático. En efecto, se teme que algo altere el ambiente climatizado en el que vivimos. Desde esa burbuja ya hiciste en el vuelo alguna incursión hacia la apretada clase popular, sintiendo esas miradas, entre la curiosidad y el desprecio, que se dirigen a los adinerados. Después, desde el hotel, constantes paseos por la ciudad burguesa, popular, ambigua, pobre, bohemia, destartalada, comprometida. Volviendo siempre de noche a tu fortaleza autista, a las cien cadenas de televisión y a la cama descomunal de tu refugio. Cuatro días a uña de caballo entre el lujo kitsch del hotel, donde nada puede ocurrir, donde podías estar en cualquier sitio en el que las cosas funcionasen perfectamente, y el Buenos Aires callejero, abigarrado, ruidoso, criollo, cargado de recuerdos.

3- Ciudad cargada, sobre todo, de esa suspensión en el tiempo que caracteriza a América. Paradójicamente, el Nuevo Mundo casi siempre lo sentimos pendiente del pasado, respetuoso con las formas de antaño, sean los héroes decimonónicos de la Patria, sea la silueta del Ché o el "Usted" y la liturgia que le acompaña. En Europa vivimos sin pasado, sólo entregados a este imperio obsceno y sordomudo de la actualidad. Por ello mismo, sin energía ni fe en la utopía del futuro, pues no hay nada por lo que luchar. Por contra, Argentina está teñida por esa caballerosidad un poco antigua, un poco ambigua, de la cual hasta parece formar parte el interés por el psicoanálisis, con ese afán socrático por buscar en el otro, por respetar en el otro, lo que tiene de insondable. Se trata de un acto de cortesía y de piedad hacia el otro. Y también de un concepto y una práctica de la dignidad que en España, si alguna vez existió, se ha perdido en la marea consumista de hoy.

4- Incluso en la precisión latinoamericana del lenguaje, más bien asombrosa, parece expresarse ese culto un poco antiguo por las formas, por la dignidad reflexiva del individuo en una república que cada ciudadano debe recrear con su esfuerzo. Lo primario parece a veces un poco desdibujado, es cierto, en este país tan terciario. En todo caso, no está en la relación con el componente indígena del territorio, mucho más diluido que en México o Perú -incluso después de la "negrada" del peronismo-, sino en la fidelidad a la relación, a la amistad, al modo de ser de cada uno. Es posible que la presencia de ese pasado clásicamente moderno, un poco decimonónico, haga difícil -tanto en Argentina como en Estados Unidos- comprender algunos fenómenos postmodernos, desde lo impolítico a la cultura islámica. A cambio, mantiene un cálido envite sobre la personalidad que nos libera de muchos corsés.

5- Skyline y casitas humildes, Buenos Aires es un gigantesco sincretismo de pobreza y riqueza, de estética de los 70 y del 2000, de verticalidad y horizontalidad, de izquierdismo populista y derecha estirada. En ella es continuamente patente la voluntad republicana, enérgicamente americana, de discutirlo todo, manteniendo un foro constante donde participan taxistas y políticos profesionales, sin las distancias jerárquicas, sin la inercia que es tradicional en Europa. Lo que en Londres queda para los excéntricos de Hyde Park, aquí es habitual en el centro mismo de la urbe. Y además con una precisión en el lenguaje propia de seres que se han hecho a sí mismos, con una invención reflexiva que en Europa hemos perdido. Vistos desde España, los argentinos parecen siempre "intelectuales", como si la dispersión de las raíces, la juventud de la nación obligara a sostener cada identidad en el discurso. La misma forma de hundirse económicamente en el 2002 y rápidamente volver a flote, manteniendo el vínculo social sin grandes derramamientos de sangre, recurriendo a toda clase de mecanismos precapitalistas -el trueque, los bonos-, ya indica algo de la capacidad de diálogo de este país, de su ingenio y cohesión popular.

6- Topamos también con una curiosidad, un afán de saber que afecta al núcleo de la propia subjetividad -y de la economía, con la inflación. Borges, adorado por la izquierda, no deja de ser un ejemplo señorial de esta ilustración popular, de esta masiva educación sentimental. Pero toda una metafísica blanca -Borges, Bioy Casares y Sábato, igual que Octavio Paz en México- forma parte del país, tanto como la mitología popular criolla. ¿Es la falta de tierra, esta melancolía y Spaltung del sujeto -cuya metáfora sería la inmensidad del océano de la emigración-, lo que abrió un camino al lacanismo en Buenos Aires? Digamos que el interés por el inconsciente se asienta en Argentina en la hipertrofia de lo consciente, en una sobreactuación de lo intencional, lo intelectual y reflexivo, que atraviesa toda la nación. La sobreactuación narcisista del tango y el envés sombreado del inconsciente, también un poco narcisista. Argentina entera parece de hecho un poco paralizada por esta sobreactuación de lo reflexivo, que incluye la duda constante, la discusión que mantiene abiertas ese sinfín de posibilidades que caracterizan a la cultura latina y están a mil años luz del decisionismo angloamericano.

7- Es la voluntad de hablarlo todo, de volver a hablarlo continuamente, como si nada pudiera zanjarse. Igual que en España, da la impresión de que en Argentina nada se termina nunca, estando perpetuamente en obras. Si la cultura estadounidense parece carecer espantosamente de una relación con el vacío, con la indeterminación de la subjetividad y de la tierra -impotencia que le convierte en la más peligrosa de las naciones-, esa relación es compulsiva en Argentina, que estaría en el otro extremo con un vínculo neurótico con el vacío. De ahí la proliferación verbal y el barroco de las expresiones populares, tango incluido. Lo que falta de indeterminación en la relación indígena con la llanura, lo suple la sombra de la subjetividad urbana, la conciencia del inconsciente en el que se asienta.

8- Esa suspensión de sentido, esa cortés melancolía porteña, esa demora en los meandros del sentido, esa indecisión en el paso al acto, de la cual Gardel y el tango tal vez son sólo una insignia externa. Todo eso tiene sin duda relación con el narcisismo, pero también con una caballerosidad cortés que respeta los barcos de los cuales se desciende, ese océano enorme e indeciso. Indecisión en el paso al acto -conversación perpetua, afecto, mate- y paso al acto espectacular -fútbol, sexo, guerrilla- son dos caras de la misma moneda. La ambigüedad y timidez gallega sobreimpresa en la vivacidad italiana, tal vez un poco teatral. Por ejemplo, en ese ajedrezado de pasos del tango, con gestos apenas marcados, casi sin contacto, como un envite erótico donde la aproximación que no debe cumplirse nunca.

9- Jorge Alemán nos cuenta: Los peruanos descienden de los Incas; los mexicanos, de los Aztecas; los argentinos, de los barcos. Y sin embargo, Buenos Aires se ha fundado de espaldas al mar, como si quisiera negar esa evidencia. Y también de espaldas a una Pampa que queda lejos, aunque sus leyendas se entreveren con la cultura urbana. Pero, tanto en la amplitud de las perspectivas bonaerenses, como el fútbol o en la guerra de las Malvinas -¡atreverse con Inglaterra!-, como en la propia dimensión escandalosa de la reciente crisis económica, se muestra todavía ese afán mundial del que España, hoy por hoy, no puede presumir. Quizás Ortega tenía razón cuando decía que el problema de la unidad de España estribaba no tanto en el separatismo vasco como en el "separatismo" de Madrid, exiliado de cualquier ambición auténticamente mundial. Ya el hecho de viajar al otro cabo del mundo, después de doce horas de avión, y encontrarte que aparentemente nada ha cambiado, como sólo estás ante un doble ampliado de tu país -cosa que difícilmente puede ocurrirle a un francés-, ya tiene en sí mismo una carga de perplejidad metafísica importante. Y esto mientras los argentinos viven como si tal cosa, como si todo esto fuera normal. Parece que se entienden, pero, ¿se entienden? ¿Se entienden o cada uno vive exiliado en su propio zumbido?

10- Vivir es en cualquier caso algo tan difícil, se ha vuelto tan raro, que todos nacemos ya en una especie de exilio interior y anterior, aunque nuestro origen no sea tan cruzado como el caso de Argentina, México o Colombia. Tal como es la actual condición humana, solamente con el cruce de "Argentina" y "Argentina", ya se vive esa legión de fantasmas, espectros, parientes desconocidos, otros con los que hay que pactar. La lengua natal es una segunda lengua en relación al exilio traumático del cual siempre procede el hombre, esa patria natal constituida por un amasijo de silencio, temores, gritos, ecos y sombras en el cual nos hemos criado. En este sentido, todos los países latinoamericanos, del primero al último, han llegado antes que nosotros al exilio desde el que se podría volver a vivir la tierra.


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