Pilar Alonso Témpera sobre táboa - 407 x 40 cm.

Algunas iniciativas para acercar la ciencia a la ciudadanía

Susana García e Cristina Martínez
Universidad de A Coruña
 

El término cultura se define como el conjunto de conocimientos científicos, literarios, artísticos… de una persona pueblo o época. Sin embargo la mayoría de las personas cuando piensa o habla de cultura excluyen, casi sistemáticamente, la ciencia de dicho concepto. Tal exclusión no se debería interpretar como una “incultura” del ciudadano medio, pues son muchos los ámbitos y medios en los que tal exclusión se hace patente. Así, aunque la ciencia ha sido y es una construcción humana capaz de cambiar el mundo, no tiene cabida en el ámbito de las humanidades, reservado tradicionalmente a la filosofía, literatura, historia… Lo mismo ocurre en la prensa diaria no especializada en temas científicos, pues, aunque se preocupa frecuentemente por ellos (Pérez Maldonado y otras 2004), generalmente las noticias de índole científico no se incluyen en la sección de cultura sino en la de sociedad. Por supuesto con lo indicado no se trata de cuestionar el significado de términos o cambiar hábitos periodísticos ampliamente asentados, sino simplemente llamar la atención sobre la importancia y la necesidad de reconocer el conocimiento científico como cultura.

En los últimos años existe una preocupación creciente por educar científicamente al ciudadano. Este actualmente, aunque resulte tópico, habita un mundo altamente tecnificado y estrepitosamente cambiante al que ha de adaptarse, siendo el conocimiento científico una herramienta útil para dicha adaptación. Pero la ciencia no solo tiene ese valor utilitarista, que sin duda es importante en la medida que nos hace la vida más agradable. También nos puede aportar conocimientos para participar en debates públicos y tomar decisiones reflexivas en una sociedad democrática; nos puede proporcionar placer, en la medida que nos explica fenómenos naturales, nos aporta datos y detalles sobre estos… Por todo ello la alfabetización científica, que se percibe como una necesidad de las personas del siglo XXI, ha de entenderse como un conocimiento que atiende a tres dimensiones: a) la correspondiente a los saberes mas clásicos y teóricos que permiten “leer” la realidad; b) la relacionada con las habilidades necesarias para aplicar el conocimiento científico a la vida social y personal, así como la capacidad para recabar información de distintas fuentes y contrastarla con espíritu crítico y c) la asociada a la dimensión afectiva. Esta última hace referencia al desarrollo del interés por la ciencia, superando la visión mítica que rodea a esta materia en lo que se refiere a la dificultad que encierra su aprendizaje, y al desarrollo de un posicionamiento reflexivo y documentado sobre problemas sociales de gran impacto (el uso de armas nucleares, la contaminación derivada del derroche energético, los problemas éticos que plantea la biotecnología…).

La alfabetización científica debe iniciarse en la escuela, y, de hecho, desde hace años se viene insistiendo en la importancia de que la educación formal enmarque la enseñanza de las ciencias en el contexto social y la dirija a todos los estudiantes, y no solo a aquellos que van dedicarse a la ciencia en el futuro (Membiela, 2002; Penick, 1993). Sin embargo la alfabetización científica trasciende a esta educación formal, pues es un proceso largo y complejo que ha de desarrollarse a lo largo de la vida del individuo, por lo que implica a la sociedad en su conjunto (Marco 2000). En este sentido la divulgación científica rigurosa, pero al mismo tiempo asequible y próxima debería constituir una prioridad social. Son muchos los temas y problemáticas que tienen cabida en dicha divulgación, siendo deseable que desde las instituciones públicas y privadas se promuevan iniciativas divulgativas variadas que atiendan a los intereses y necesidades de los ciudadanos, creando cultura científica desde el desarrollo del interés y la motivación por estos temas. Son diversos los sistemas y mecanismos que permiten alcanzar estos objetivos: exposiciones, museos, manifestaciones artísticas en las que la ciencia tiene una presencia central o colateral (literatura, cine, pintura…), etc. En este sentido, se presentan a continuación algunas propuestas, que pueden ser de utilidad para las personas interesadas en acercar la ciencia a la población en general de una manera no formal, lúdica, entretenida y participativa, pues entendemos que la participación directa de la persona en la actividad resulta clave para promover el interés.

Las ferias de ciencias

Desde mediados del siglo pasado se ha venido desarrollado un interés creciente por acercar el conocimiento científico a los ciudadanos a través de exposiciones llamativas y atrayentes. Así se superó la tradición museística simplemente expositiva y estática de objetos, diseñándose los modernos museos científicos que tienen como objetivo principal, no solo informar, sino también entretener y sobre todo despertar la curiosidad del visitante de todas las edades. Por otra parte, y con la misma intención de aproximar la ciencia a la población y de hacerle partícipe de sus posibilidades, surgen las “ferias de ciencias”, siendo pionera en este tipo de eventos “La ciencia en la calle”, que desde hace más de 10 años organiza en A Coruña la asociación Amigos de la Casa de las Ciencias. Este tipo de actividad no solo acerca fenómenos científicos curiosos a los ciudadanos en general, sino que además a muchos de ellos los hace partícipes directos de su organización, pues a través de los centros educativos y otras instituciones pueden presentar materiales expositivos, implicándose directamente en su diseño y en la atención al público visitante. Por esta razón las ferias de ciencias deben estar abiertas también a asociaciones vinculadas con la promoción de la salud (la Cruz Roja, asociaciones de enfermos, donantes de sangre…), la conservación del medio ambiente (asociaciones ecologistas…)…, a asociaciones de aficionados a un campo determinado de la ciencia (micología, astronomía…) e incluso a particulares interesados en mostrar sus conocimientos y sus diseños de aparatos u otros utensilios. Todos ellos tienen mucho que aportar a sus conciudadanos en lo que respecta a la educación científica de la población.

El interés de este tipo de eventos es alto sobre todo para una población tan dispersa como la gallega. Los ayuntamientos deberían promocionar estas actividades eligiendo los lugares más idóneos y las fechas adecuadas que invitaran a una amplia participación de personas de distintas edades, pues las ferias de ciencias deben estar dirigidas a la población en general. Cabe destacar que un aspecto importante a tener en cuenta a la hora de organizar este tipo de actividades es su difusión, que cobra especial relevancia cuando se realizan los primeros eventos de este tipo, siendo aquí donde los medios de comunicación juegan un papel importantísimo

El cine

El cine, lejos de ser de ser únicamente una manifestación artística y un instrumento de ocio y divertimento, se ha convertido en una fuente interminable de transmisión de cultura. Es una ventana abierta al mundo, a las pasiones personales, a los problemas sociales…. que influye en el espectador, transmitiendo, en muchas ocasiones modelos, mitos, valores… Por ello, se ha utilizado el cine como instrumento educativo, tanto en la escuela como en ámbitos educativos no formales. De ahí que sea frecuente que las instituciones organicen ciclos de cine monográficos con una intencionalidad cultural y formativa. Estos ciclos generalmente se dirigen al estudio de la evolución de un determinado autor (Woody Allen; Almodóvar…), un género concreto, una corriente cultural (el neorrealismo italiano, el surrealismo…), etc. Sin embargo los ciclos relativos a temas científicos no siempre tienen la presencia que se merecen.

Posiblemente el cine científico se asocie exclusivamente a los documentales estrictamente educativos, no obstante el cine comercial pueden ser utilizado para abordar problemáticas de índole científico-social. En esta línea nos podemos plantear: ¿qué temas cinematográficos podrían ser motivo de análisis en un ciclo de cine, llamémosle científico?. A pesar de que la respuesta a esta cuestión estaría condicionada por la edad y el tipo de público potencial sugerimos a continuación algunas posibilidades que, sin duda, serían más o menos idóneas dependiendo del tipo de espectador.

El género de ciencia ficción es un clásico para visualizar la influencia de la ciencia y la técnica en la sociedad. La rigurosidad del proceso científico implicado, la influencia del mismo en el bienestar de los habitantes de un futuro mas o menos lejano, la capacidad de la ciencia para resolver el problema, que generalmente se presenta como un instrumento potente y con gran capacidad resolutiva,… constituyen aspectos a considerar a la hora de elegir una película en este sentido y de realizar el oportuno debate posterior. Otros tipos de películas en que la ciencia posee un papel central, son aquellas que muestran la vida de un determinado científico o científica. Concretamente, figuras ampliamente conocidas como, Galileo, M. Curie, Ramón y Cajal, Severo Ochoa, o incluso otras que lo son menos como Jonh Forbes Nash, matemático relevante cuya vida fue llevada al cine bajo el título “Una mente prodigiosa”, inspiraron películas y/o series televisivas de éxito de público y crítica. En ellas se puede analizar con detenimiento la faceta humana que hay detrás del investigador/a, discutiendo el nivel de mitificación del personaje (excesiva exaltación o vilipendio), las condiciones en las que tuvo que realizar la investigación, la política científica de una época determinada en un país concreto, las dificultades materiales y sociales que entraña el trabajo de investigación realizado….

También existen películas que abordan de forma menos central el tema científico, aunque no por eso dejan de poseer un importante valor para la alfabetización científica de los ciudadanos, sobre todo en su vertiente más asociada al desarrollo del espíritu crítico y sensibilización por los temas sociales. Además constituyen una manera de acercar esta problemática al ciudadano, desde una situación de ficción, una novela, que puede resultar motivadora. Sin duda se podrían seleccionar un importante número de películas en este sentido, aunque por motivos de espacio sugerimos por su interés y todavía actualidad “El jardinero fiel”. Esta película de Fernando Meirelles, inspirada en una novela de John le Carré trata el poder de los lobbys farmacéuticos y su influencia en las vidas y destinos de los habitantes de un pueblo africano. La crítica social queda, de todos modos, envuelta en una historia de amor entre un diplomático británico y una activista que es asesinada cuando osó inmiscuirse en las actuaciones fraudulentas de una importante compañía farmacéutica.

Conviene indicar finalmente que la organización de un ciclo de cine, tanto de carácter científico como de cualquier otra índole, requiere cuidar determinados detalles, como por ejemplo la utilización de una publicidad adecuada dirigida al público potencial que pudiera estar más interesado, la selección del horario más adecuado para ese público, etc. La presentación del objetivo del ciclo, la selección y justificación del tipo de películas que se van a emitir…, también constituyen puntos clave en el caso de un ciclo de cine científico, pues inicialmente, quizás, no resulte suficientemente atrayente a los aficionados habituales, que, en definitiva, son los que frecuentan este tipo de actividades.


Pilar Alonso Técnica mixta sobre tabla - 54 x 280 cm.

Las exposiciones temporales

La exposición constituye una de las formas mas habituales de difusión de información, cultura… Muchos organismos e instituciones adoptan el mecanismo expositivo para dar a conocer al visitante expresiones artísticas, para conmemorar determinadas fechas, para presentar cierta problemática de actualidad…De hecho es habitual que al entrar en centros escolares, ayuntamientos, sociedades recreativas… podamos observar exposiciones muy diversas. Las de carácter científico deberían hacerse un hueco en este tipo de actividades y, de hecho, cada día son más los organismos e instituciones, al margen de los museos especializados, que se hacen sensibles a ello y organizan eventos que directa o indirectamente están relacionadas con la divulgación científica.

Posiblemente sean muchos lo temas que se pueden abordar en una exposición de esta índole. Sugerimos aquí como ejemplo, dado su posible interés para toda la población, el uso de la energía eléctrica en los hogares en los últimos tiempos. La energía eléctrica ha resultado ser verdaderamente revolucionaria en la industria, pero también en el ámbito doméstico, y así lo han reconocido las personas de mayor edad en sondeos realizados sobre los avances científicos y tecnológicos que más han incidido en la sociedad y en sus vidas. Sin embargo esta tecnología que nos facilita el trabajo, nos hace vivir mejor, nos permite disfrutar de más tiempo libre…, está asociada a un consumo excesivo de materias primas, generalmente combustibles fósiles, a la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero… que se ha ido incrementando, casi de forma exponencial, en los últimos años. Todo ello encierra un coste ambiental importante, aunque no siempre somos suficientemente conscientes de ello. A nuestro juicio, la intención de una exposición de este tipo no se debe dirigir al cuestionamiento del uso de los aparatos eléctricos que, como decíamos, nos facilitan la vida; lo que resultaría prácticamente imposible, dado que están realmente instalados en ella y no estamos dispuestos a renunciar a los beneficios que nos proporcionan. Por el contrario, la intención de la exposición debe ser más modesta y posibilista, dirigiendo la atención a la promoción de la reflexión sobre el propio coste ambiental que produciría el mantenimiento del nivel de crecimiento de consumo energético de los últimos 50 años.

Tomando como base lo indicado, durante la Semana de la Ciencia celebrada en noviembre del 2004 en la Universidad de A Coruña, se ha realizado una exposición itinerante en los diferentes campus de A Coruña y Ferrol, que pudo ser visitada por la comunidad universitaria y por estudiantes de otros niveles educativos. La exposición, que pretendía ser interactiva, presentaba en sendos paneles metalizados imágenes de cocinas de distintas décadas, desde antes de los años 50 hasta la actualidad. El visitante debía seleccionar entre un conjunto de fichas imantadas que representaban electrodomésticos (lavadora, plancha…) de diferentes épocas y en las que se incluía información de su potencia, aquellos que resultaban mas acordes con una época determinada y colocarlos en el panel correspondiente. De esta forma, el visitante podía apreciar, no solo que el número de aparatos a disposición del ciudadano medio se había incrementado, sino también que el consumo eléctrico iba aumentando de forma ostensible. Además, se invitaba a los asistentes a expresar de forma anónima y voluntaria sus opiniones sobre las ventajas e inconvenientes del desarrollo tecnológico en el ámbito cotidiano.

Esta exposición, aunque se dirigió inicialmente al sector académico, resulta de interés para la población en general. Las personas de distintas edades pueden percibir que el incremento de la “comodidad” tiene realmente un coste y que, en muchas ocasiones, la relación comodidad/coste es baja, pues, si bien por ejemplo lavar la ropa es un trabajo duro y justificaría el gasto energético, ¿se podría decir lo mismo de abrir una lata con un abrelatas eléctrico o usar una balanza electrónica para pesar los ingredientes de un postre?. Por otra parte ¿el gasto del lavado se puede minimizar? ¿cómo? Estas y otras muchas cuestiones pueden surgir de exposiciones como la aquí descrita, que simplemente pretenden aportar un grano de arena a la concienciación ciudadana sobre temas ambientales en los que, aunque sea mínimamente, se puede intervenir de forma personal.

Cabe destacar finalmente que esta exposición se caracterizó por su sencillez, pues únicamente consta de paneles y láminas, pero siempre se podría hacer más vistosa, enriqueciéndola con utensilios reales, especialmente aquellos más antiguos que haciendo la misma función no utilizan energía eléctrica (plancha de hierro, cocina de carbón o leña, picadora de carne manual…). Este tipo de objetos resultan llamativos, tanto para la gente mayor, porque recuerda su uso y la incomodidad del mismo, como para los más jóvenes que toman conciencia de lo vertiginoso, y posiblemente desconocido, que ha sido el cambio tecnológico incluso en su ámbito más doméstico.

Bibliografía

Marco, B. (2000): La alfabetización científica. In F. J. Perales & P. Cañal (Eds.): Didáctica de las Ciencias Experimentales (pp. 141-164). Alcoy: Marfil.
Membiela, P. (2002): Enseñanza de las Ciencias desde la perspectiva Ciencia Tecnología Sociedad. Formación científica para la ciudadanía. Madrid: Narcea
Penick, J. E. (1993): Instrucción en el aula desde un enfoque CTS: Nuevas áreas requieren nuevos métodos. En C. Palacios, D. Ansoleaga & A. Ajo (Eds.): Diez años de investigación e innovación en enseñanza de las ciencias. Madrid: CIDE.
Pérez, M., García, S., & Martínez, C. (2004): La ciencia escolar y la ciencia cotidiana. Interrealaciones mutuas. Educatio Siglo XXI, 22, 169-185.

 
 

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