El sistema gallego de bibliotecas. Las bibliotecas públicas ayer y hoy

Daniel Buján
Bibliotecario


Un poco de historia

Las bibliotecas públicas gallegas, nacen, por lo menos oficialmente, a mediados del siglo XIX, como bibliotecas públicas provinciales, ligadas en cierto modo a los Institutos también entonces creados con los fondos procedentes de la desamortización. Lo hacen, como el resto de las españolas, con un concepto bastante diferente tanto del que tenemos hoy en día de biblioteca pública, como del que en la misma época desarrolla en otros ámbitos como el anglosajón. Un concepto que incluso va a lastrar algunos aspectos del desarrollo de la biblioteconomía pública en España hasta fechas recientes (la limitación hasta hace poco del número de profesionales de los cuerpos estatales de bibliotecarios en razón del mantenimiento de un supuesto nivel y prestigio intelectual de sus componentes es un ejemplo de esta errónea concepción).

Hay ejemplos de bibliotecas que hacen servicios de biblioteca pública anteriores a los de estas bibliotecas provinciales, ligadas en cierto modo las corrientes ilustradas del país. La Biblioteca del Consulado en Coruña, aún abierta, es un notable ejemplo, las bibliotecas ligadas a las sociedades económicas de amigos del país, aunque con restricciones, son otras. En cualquier caso, esta visión con la que nacen las bibliotecas públicas gallegas tiene su origen en el hecho de que por lo menos en lo que respeta a sus fondos nacen no tanto de una demanda o de una exigencia política, como del hecho circunstancial de unas bibliotecas monásticas confiscadas, o mejor, “desamortizadas” por Mendizábal.

Poco queda de esos fondos. Tras el abandono en que quedan muchos de ellos hasta la creación de las Comisiones de Monumentos Históricos y Artísticos, buena parte de ellos se pierden. Quedan los de la Biblioteca Pública del Estado (Biblioteca Nodal ahora) de Pontevedra, que lo demás sólo supone alrededor del veinte por ciento de los fondos originalmente conservados en conventos de la provincia, los de la Biblioteca del mismo origen y categoría de Lugo y algunos más dispersos (los del convento de Conxo actualmente conservados en Poio, los de San Martiño Pinario y pocos más). Los de la Biblioteca de Ourense terminaron ardiendo en un lamentable incendio y los de A Coruña se perdieron en su mayoría.

Los hechos históricos tienen, en este caso, una importancia mayor de la de su simple exposición. Cuando nacen estas bibliotecas, el término público se refiere sólo a que son accesibles, pero poco más. Se trata en buena parte de los casos de fondos esencialmente de uso religioso, textos bíblicos y litúrgicos, mucha literatura pastoral y obras de devoción, y, lo que los hace aún menos accesibles, en buena parte escritos en latín.

El resultado era de esperar: no hay lectores. Los pocos índices de asistencia a estos centros en el siglo XIX y hasta bien entrado el XX señalan un mismo panorama, la inasistencia de lectores. Por eso y por las pocas posibilidades de acceso que tienen a ellos buena parte de la población, nace un nuevo concepto a lo largo del siglo, que es de biblioteca popular, o sección popular en las bibliotecas públicas. Este término no es actualmente de uso porque las bibliotecas públicas hace tiempo que han asentado su concepto popular, dirigido al público común, pero no siempre fue así. Es más, la razón de su nombre está justo en la necesidad de diferenciarlas de las bibliotecas entonces denominadas públicas, más pensadas para eruditos y estudiosos de alto nivel cultural que para lectores corrientes.

Podemos considerar pues que los esfuerzos de los bibliotecarios durante el siglo XIX van a ser, por un lado el de enriquecer, modernizando, los fondos que con tan poca operatividad pública nacen a mediados de siglo, y por otro el de la creación de bibliotecas “populares”, que podemos considerar, como estructura estatal, originadas en una política puesta en práctica por José Echegaray. Nacen estas bibliotecas en escuelas públicas, con la doble función de escolares y populares y son varias las poblaciones gallegas que llegan a contar con este tipo de centros, Vigo entre ellas. Podemos considerar este proyecto como el primer intento, fallido por lo demás, de crear una estructura de bibliotecas fuera de las capitales de provincia. Cada biblioteca recibía cerca de 200 libros enviados por el Ministerio de Fomento, que recibían el maestro y el alcalde de la población.

Muestra de un cambio de concepción en la política de estas bibliotecas va a ser, como señala García Ejarque, la autorización (que ahora nos parece común, pero entonces era una novedad, muy contestada por varios sectores profesionales) del servicio de préstamo, de un solo libro por lector y por diez días, y siempre que no se trate de “diccionarios, atlas u otras obras de precisa consulta”. Contaban ademáis con amplias colecciones de libros de lectura y recreo (casi un 28 por ciento, que si hoy nos parece insuficiente, en esos años era una importante conquista).

La política de creación de bibliotecas populares se mantuvo durante años, extendiéndose a otros tipos de centros como sociedades artesanas, ateneos, círculos obreros y mercantiles, etc., pero no consigue en ningún momento formar en Galicia la necesaria estructura de lectura pública, que no nace hasta la creación de los Centros Coordinadores de Bibliotecas, germen del que es la actual Rede de Bibliotecas de Galicia. No conocemos ningún estudio acerca de la continuidad de las bibliotecas populares creadas en el siglo XIX y principios del XX en Galicia, pero el hecho es que, cuando los centros coordinadores comienzan la creación de las actuales bibliotecas municipales, lo hacen prácticamente a partir de cero.

La inexistencia de una fuerte red de bibliotecas públicas municipales, y una política demasiado centrada en las bibliotecas provinciales, va a ser otra de las herencias que lastran en varios aspectos nuestra estructura bibliotecaria. Origina en cierto modo una amplia grieta entre el mundo, profesional y técnico, de las bibliotecas del Estado, y el de las bibliotecas municipales, sin cuerpos asentados y unificados de bibliotecarios, y viviendo en muchos casos (esto se verá acrecentado, como veremos, con la desaparición de los centros coordinadores) en un aislamiento que no beneficia a nadie. Incluso la concepción de provincial de las bibliotecas del Estado choca en cierto modo con el papel que juegan, en realidad urbano y centrado en su comunidad concreta, que es la ciudad donde se ubica. Eso provoca la duplicidad (en casos como el de A Coruña “triplicidad”) de organismos públicos de gestión de lo que podríamos considerar red de bibliotecas de la localidad.

No faltan, en cualquier caso, proyectos y planes de bibliotecas de ámbito nacional que van incidir más o menos en Galicia y sobre los que no vamos a extendernos, para centrarnos en la creación y política de los centros coordinadores de bibliotecas que de hecho podemos considerar cómo primer punto de partida de nuestra configuración bibliotecaria actual.

Los Centros Coordinadores

La idea, que nace en Asturias en plena guerra civil y se va estableciendo en las restantes provincias en la época de posguerra, llega a Lugo en el año 1949, a Ourense en 1956, y a Coruña y Pontevedra en 1956 (García Ejarque, 2000). Aunque hay variaciones en su funcionamiento, esencialmente se basa en una estructura provincial dirigida técnicamente por la Biblioteca Pública Provincial (o del Estado) y financiada por la Diputación Provincial y el Estado, a través del Servicio Nacional de Lectura. Estos centros coordinadores son los responsables, junto con los ayuntamientos con los que se firmaba acuerdo, de la estructuración de muchas de las bibliotecas públicas municipales gallegas, en una estructura, que con sus defectos, contaba con importantes ventajas que en el momento de su desaparición se van a hacer patentes.

Esencialmente, estos Centros Coordinadores:

contaban con personal profesional a su cargo, al estar dirigidos polos directores de las bibliotecas provinciales

contaban con personal estable para crear, atender, asesorar y controlar técnicamente las bibliotecas municipales

contaban con presupuestos de apoyo a las bibliotecas. No solo en el momento de su creación, sino también en el de su mantenimiento

se constituían en puntos de coordinación estables, normalizadores de procesos de selección de personal, y en constante contacto con las bibliotecas municipales a su cargo. El hecho de estar estructuradas en el ámbito provincial favorecía ademáis este contacto y la cercanía a las bibliotecas atendidas.

La transferencia de las responsabilidades en materia de bibliotecas públicas a la administración autonómica va a provocar, sin embargo, la progresiva desaparición de estas instituciones, que son seriamente afectadas por el hecho de que en el momento de la citada transferencia, esta afecta a las bibliotecas adscritas al Servicio Nacional de Lectura, o sea, las municipales, pero no a las bibliotecas del Estado, que no se transferirán hasta casi diez años después. Y es que la transferencia de competencias entre el Estado y la Xunta de Galicia es, por lo que respeta a las bibliotecas, un proceso relativamente lento, que se atasca en cierto modo en las bibliotecas provinciales, y que dura desde 1980, en que se transfieren las competencias del Centro Nacional de Lectura, hasta finales de 1989, en que se finaliza el proceso con la transferencia de las Bibliotecas Públicas del Estado aún a cargo del Ministerio de Cultura. La rotura de este cordón umbilical va a ser definitivo, junto con la ley de bibliotecas de 1989, para la desarticulación del antiguo sistema, pese a que en un principio se intenta reproducir en Galicia el sistema nacional de Centros Coordinadores, creando incluso un Consejo Regional de Lectura, en imitación del Servicio Nacional de Lectura.

En cualquier caso, y en el momento de confección de la Ley la situación se basa en una estructura en descomposición de los antiguos centros coordinadores de bibliotecas, junto con unos centros provinciales, las bibliotecas públicas del Estado, que siguen bajo la gestión estatal, y que aunque son transferidas el mismo año en que se publica la Ley, siguen en una situación en la que se produce una cierta duplicación de responsabilidades entre el Estado y la Comunidad autónoma con respeto a las mismas.

La titularidad de las mismas sigue siendo estatal.

La gestión es responsabilidad de las comunidades autónomas.

El Estado mantiene determinadas competencias: los nuevos edificios (ejemplo son los próximos de Santiago y Ourense) siguen siendo de su responsabilidad y son financiados en exclusividad por el Estado.

Lo mismo pasa con determinados elementos como la informatización.

El Estado sigue reglamentando determinados aspectos de las bibliotecas públicas (Reglamento de bibliotecas públicas del Estado).

Por esa razón, las bibliotecas denominadas nodales, excepto Vigo, que es municipal (Coruña, Ourense Pontevedra y Lugo) y a las que habría que sumar Santiago, forman al tiempo parte del Sistema Español de bibliotecas y del Sistema de bibliotecas de Galicia.

Esta situación, con las bibliotecas provinciales dependiendo de la Administración Central y las municipales dependiendo de los ayuntamientos y de la Xunta de Galicia, impidió durante esos años a creación de una verdadera estructura de red. No existía además una Biblioteca Central, y la Ley de Bibliotecas no se promulga hasta 1989, fecha que podemos considerar punto de partida para la actual configuración del sistema bibliotecario en Galicia.

La Ley de Bibliotecas de Galicia

La Ley de Bibliotecas do ano 1989 es, en cualquier caso, la base sobre la que se estructura la actual configuración de las bibliotecas gallegas. La Ley recoge el concepto de sistema bibliotecario, y pretende organizar un sistema para Galicia que desarrolla a través de cuatro títulos

1) El primero define el concepto, ámbito y funciones de las bibliotecas públicas de Galicia.

2) El segundo título «Organización y funcionamiento del Sistema bibliotecario de Galicia» articula lo que será dicho sistema, constituyéndolo en «Órganos» y en «Centros» bibliotecarios.

A) Serían órganos:

Los servicios bibliotecarios dependientes de la Consellería competente en materia de Cultura, el Consello de bibliotecas y los centros territoriais de bibliotecas.

La Xunta de Galicia, a través de su Consellería de Cultura, tiene por cometido ocuparse del estudio, de la planificación y programación de necesidades, del informe, apoyo e inspección técnica, de la propuesta de distribución de créditos y de la coordinación del funcionamiento de las bibliotecas que se integren en el sistema.

El Consejo de bibliotecas es un órgano consultivo y asesor de la Xunta de Galicia en materias relacionadas con el sistema bibliotecario. Está formado por nueve miembros, cuatro de ellos elegidos polo Parlamento y un por el Consello da Cultura Galega y debe reunirse por lo menos una vez cada seis meses.

Os «Centros Territoriais de Bibliotecas» son órganos de orientación y coordinación del funcionamiento de la red bibliotecaria. Tienen funciones de orientación, apoyo técnico, fomento y coordinación de la red en el ámbito provincial, deben conocer y aprobar los presupuestos de las bibliotecas de la red y repartir los fondos aportados por la Xunta de Galicia con destino a las bibliotecas municipales (nunca llegaron a ponerse en funcionamiento).

B) Serían centros bibliotecarios:

El Centro Superior Bibliográfico de Galicia y también los otros centros bibliotecarios que entren en el ámbito de la presente Ley.

El Centro Superior Bibliográfico de Galicia está llamado a cumplir las funciones de «Biblioteca Nacional» de Galicia, como depositaria de, por lo menos, un ejemplar de las obras sujetas a depósito legal en Galicia, y como centro responsable de las labores técnicas bibliográficas que tal situación le confiere.

Las Bibliotecas Municipales, establecidas mediante convenio, que podrían, segundo la ley, crearse en núcleos de población de más de 2.000 habitantes.

Las Bibliotecas Itinerantes de Préstamo, gestionadas por la Xunta de Galicia, completaban la estructura básica del sistema.

3) El tercer título de la ley establece, a grandes rasgos, los servicios y condiciones mínimas de las bibliotecas públicas, las posibilidades de cooperación con las bibliotecas universitarias y con las bibliotecas escolares, la realización de actividades culturales en las bibliotecas, y la obligatoriedad de participar en los planes cooperativos y en los estudios estadísticos.

4) El cuarto y último título apunta la necesidad de contar con personal calificado y de exigir las pruebas de acceso oportunas, así como de procurar su formación permanente. Obliga también a los titulares de las bibliotecas a consignar en sus presupuestos comunes las partidas destinadas el funcionamiento de las mismas, y dar cuenta de ello a la Xunta de Galicia.

La ley precisaba de un desarrollo que se realizará en varias etapas. En ellas se cubrirán algunos aspectos pendientes de desarrollo en la ley y sobre todo se definirá la parte fundamental del sistema bibliotecario que quedaba más en suspenso: el de la red de bibliotecas municipales, que es lo que configurará la red de bibliotecas de Galicia. Las etapas de este desarrollo, que van desde el Decreto de 1991 de Depósito Legal, incluso la Orden en 1995 de Creación de Bibliotecas e Integración en la Red de Bibliotecas de Galicia fueron posteriormente recogidas en el Decreto 41/2001 de 1 de febrero, de refundición de la normativa en materia de bibliotecas, que introducía algunos ligeros cambios y que sustituye actualmente a la normativa anterior. También el decreto y orden del depósito legal fueron refundidos en el decreto 43/2001 de 1 de febrero, de refundición en materia de Depósito Legal.

Este desenvolvemento da lei completaba a parte que esta última deixaba máis en suspenso, ou sexa, a propiamente formada polas múltiples bibliotecas públicas que realizan o servizo de lectura pública nos diferentes concellos de Galicia e por aquelas bibliotecas, as menos, que sen ser de titularidade municipal, facían tamén este servizo. A lei sinalaba xa algúns elementos, pero de forma xeral. Sinalaba, por exemplo, a responsabilidade da Xunta para asinar convenios con concellos e outros organismos públicos e privados para crear e manter servizos bibliotecarios e bibliotecas públicas suficientes. A lei sinala de feito e en certo modo unha obriga e ao tempo un obxectivo, que é o de que todos os núcleos de poboación de máis de 2.000 habitantes contasen cunha biblioteca aberta ao público, mentres que os núcleos con menor volume de habitantes estarían atendidos por un subsistema de bibliotecas móbiles ou axencias de lectura.

Las bibliotecas móviles nunca funcionaron debidamente. Únicamente en algunas provincias las maletas viajeras fueron realmente operativas, pero nunca se creó una red de bibliobuses (no hay actualmente ninguno en funcionamiento) y el préstamo directo (préstamo por correo) nunca se llegó a organizar. De la misma meneira las bibliotecas fijas se llegaron a crear en núcleos sin apenas población con el resultado de que muchas de ellas nunca llegaron a tener personal y ser realmente operativas.

Señalaba también la ley que la Xunta de Galicia velaría para que en las ciudades de más de 50000 habitantes se establecieran redes bibliotecarias, y señalaba las características básicas de las bibliotecas públicas. No incidía prácticamente en las escolares ni en las universitarias.

El desarrollo de la ley a través de decretos y órdenes tenía en principio que contemplar el hecho de que las bibliotecas municipales son, como servicios de los ayuntamientos, autónomas (en tanto los ayuntamientos lo son), siendo por lo tanto necesaria a estructuración de un sistema abierto al que se accediese por convenio, elemento ya contemplado en la Lei de Bibliotecas de Galicia.

Se establece por lo tanto en el citado decreto 24/1995 de centros bibliotecarios fijos y en su posterior refundición un nuevo concepto, denominado “Rede de Bibliotecas de Galicia” (en realidad se debería llamar red de bibliotecas “públicas” de Galicia), organizada, dirigida e inspeccionada por los servicios competentes de la consellería y que se define de la siguiente forma:

Se denomina “Rede de Bibliotecas de Galicia” la estructuración en un sistema coordinado, de los centros bibliotecarios incluidos en el Sistema Bibliotecario de Galicia. Formarán parte de ella tanto los centros bibliotecarios dependientes directamente de la Consellería de Cultura, como todos los de titularidad pública o personal que mediante la firma de un convenio, se comprometan a colaborar en los objetivos de mejora del sistema bibliotecario que se persiguen con dicha red.

Esta red tendría en principio como cabecera el Centro Superior Bibliográfico de Galicia del que dependerían técnicamente las bibliotecas nodales, y de estas las bibliotecas comarcales y las bibliotecas cabeceras de redes urbanas o municipales. Todas las otras bibliotecas, estarían conectadas a la red a través de las bibliotecas comarcales o de las bibliotecas cabeceras de redes urbanas o municipales. Esta configuración, sin embargo, pronto quedó obsoleta, esencialmente por el desarrollo tecnológico que hizo innecesaria la estructura jerárquica pensada en un principio, con conexiones a través de sucesivos nodos (de ahí la desacertada elección del tenérmelo “nodales” para las antiguas bibliotecas provinciales).

Sobre este esquema, en cualquiera caso, y a partir del Centro Superior Bibliográfico de Galicia se desarrolla el sistema bibliotecario de la Red de Bibliotecas de Galicia, contemplando los siguientes tipos o niveles de bibliotecas:

- Bibliotecas nodales: serían las antiguas bibliotecas provinciales, transferidas en 1989 (A Coruña Lugo, Ourense y Pontevedra) ademáis de la de Vigo, declarada nodal con posterioridad.

- Bibliotecas municipales: constituyen el monto fundamental de la red. Para entrar en ella deben firmar un convenio con la Consellería de Cultura comprometiéndose fundamentalmente a mantener abierta y debidamente dotada la biblioteca, y a participar el los programas comunes de la red, como catalogación, digitalización, préstamo, etc. A cambio, y a parte de lo recibido en la creación de la biblioteca (muebles y equipamiento para la biblioteca y un lote fundacional de libros) tendrían derecho la todos los beneficios de la red. Podrían clasificarse en tres categorías (bibliotecas comarcales, bibliotecas municipales, agencias municipales de lectura) aun que la primera de ellas, las bibliotecas comarcales, nunca llegaron a desarrollarse, de forma que aun que en el actual decreto siga contemplándose la posibilidad de su existencia, de hecho no hay actualmente ninguna.

- Bibliotecas privadas concertadas. Serían las bibliotecas de titularidad privada que mediante convenio se comprometen a realizar un servizo público.

- Bibliotecas de especial interés para Galicia: grupo creado para incluir un amplio número de bibliotecas con fondos históricos como las de algunos monasterios, catedrales, determinadas instituciones, etc.

El sistema puede considerarse que se completa con las denominadas bibliotecas itinerantes de préstamo, que fueron de hecho los primeros tipos de bibliotecas en ser regulados. De ellas se establecía en el decreto de 1991, actualmente refundido, que atenderían las necesidades de los núcleos de población menores de 2000 habitantes, así como los colectivos humanos que por sus especiales características no tengan fácil acceso la una biblioteca convencional, como asociaciones culturales, hospitales, cárceles, barcos y otros. También atenderían a las personas individuales que, por razones de índole especial no pueden acceder a una biblioteca pública.

La organización, gestión y coordinación de las bibliotecas itinerantes de préstamo correspondería esencialmente a las delegaciones provinciales de la Consellería de Cultura, lo que de hecho resultó ser el principal inconveniente para su puesta en funcionamiento. Esencialmente por el hecho de que en las delegaciones provinciales no existe ni personal técnico de bibliotecas, ni fondos propios para un servicio como el de préstamo por correo, ni presupuesto y medios para poner en funcionamiento una red de bibliobuses. Solo las maletas viajeras funcionaron, eso sí, con lotes enviados desde los servicios centrales de la Consellería.



Valorizaciones finales

En líneas generales, esta estructura y circunstancias son las que marcaron el sistema gallego de lectura pública nos últimos decenios. Varias circunstancias, algunas ya apuntadas, señalaban sin embargo un agotamiento de la ley y una necesidad de elaborar un nuevo marco que permitiera un desarrollo bajo nuevos presupuestos de un moderno sistema gallego de bibliotecas.

Apunto aquí alguno de los problemas o cuestiones que era preciso resolver con una nueva ley:

•  Un elemento que perjudicó mucho el funcionamiento de la red fue la desaparición de centros provinciales que atendían las bibliotecas municipales de la provincia, sin sustituirlos por nuevos servicios. Era preciso crear servicios estables y ejecutivos, no meramente asesores, para atender de forma continua las bibliotecas municipales.

•  Otro aspecto negativo fue, en su momento, la exclusión de las Diputaciones Provinciales del esquema de responsabilidades cara las bibliotecas, cuando antes eran junto con el Estado el sostén fundamental de ellas. Se hacía urgente coordinar los esfuerzos y responsabilidades que las administraciones autonómica y local tienen en tan importante proceso, de forma que tanto la Xunta de Galicia como los concellos gallegos y las diputaciones provinciales contasen con instrumentos a través de los que se ordenase de forma coordinada el Sistema Bibliotecario de Galicia.

•  Así mismo, había que reestructurar el sistema en torno a criterios territoriales no necesariamente centrados en la provincia, para dar la acogida a conceptos nuevos como área urbana o interurbana, etc.

•  Otro problema se centraba en la propia estructura de creación de nuevas bibliotecas. El sistema que venía ya de los viejos Centros Coordinadores de posguerra, tenía sentido en una situación de absoluta carencia de centros rurales, pero la situación actual no es la misma. Ya hay bibliotecas en prácticamente todos los núcleos con más de 2.000 habitantes y de hecho el sistema permitió crear un montón de bibliotecas públicas municipales en núcleos mucho menores, muchas de las cuales nunca funcionaron debidamente. Se hacía preciso iniciar una nueva etapa marcada más por el interés en hacer más buenas bibliotecas que muchas, con garantías de un correcto funcionamiento con dotación de personal adecuado y de presupuestos, y en estructurar de nuevo el límite entre bibliotecas fijas y móviles.

•   La previsible puesta en funcionamiento de una Biblioteca Nacional de Galicia, con edificio propio y que debería ejercer el papel de cabecera del sistema; la necesidad de estructurar bajo nuevos presupuestos la Red de Bibliotecas; la incidencia de las nuevas tecnologías; la no inclusión de las bibliotecas nodales en la ley anterior por no estar aún transferidas y otras muchas cuestiones, a nuestro entender, aconsejaban la redacción de un nuevo texto.

Con ese fin la Consellería de Cultura y Comunicación Social creo en el año 2004 una Comisión, dentro de la Mesa por el Libro y la Lectura, para elaborar una propuesta de nueva Ley de bibliotecas que terminó su redacción en el año 2005. Debido a coincidencia de fechas con las elecciones de ese año y con el cambio que se produjo de gobierno, nunca llego a ser presentada en el parlamento la nueva ley, que quedo por esa razón parada. En este año 2007 comenzaron los trabajos de una nueva comisión para revisar el trabajo hecho y elaborar una nueva propuesta que todos esperamos que sirva de marco y base para una nueva y moderna estructura bibliotecaria en Galicia.

 
 

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