Biblioteca y mediateca. Espacios para el conocimiento

Texto y fotos:
Xosé Manuel Rosales Noves
Arquitecto y profesor de educación secundario
Carlos Muñoz Fontenla
Arquitecto y profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña
 

El laborioso e intenso proceso vivido a lo largo del pasado siglo en la búsqueda de unas mejores condiciones de vida para la ciudadanía de nuestro país, tiene que continuar en el presente teniendo por uno de los objetivos fundamentales garantizar el acceso generalizado a la cultura como uno de los pilares básicos en los que se debe asentar nuestro modelo social. En este objetivo las bibliotecas juegan, junto con otras instituciones, un papel fundamental por su capacidad para integrarse en la vida de la colectividad.

Las bibliotecas son instituciones del conocimiento y, como las otras instituciones de una sociedad, son lugares llenos de momentos en los que se concentran los esfuerzos humanos y donde los deseos individuales se confunden y mezclan con los objetivos de todo un pueblo. Son puntos de encuentro que nos brindan la oportunidad de satisfacer nuestra ansia de aprender y de compartir lo aprendido.

Es importante recordar que la generalización de la educación básica en nuestro país fue muy tardía. La Ley General de Educación 1970, con la extensión de la escolarización obligatoria hasta los 14 años, supuso el inicio de la superación del gran atraso histórico en la educación y, por lo tanto, del acceso generalizado de la cultura para la ciudadanía. Eso quiere decir que la mayoría de la población con edades superiores a los 47 años no tuvo oportunidad de acceso a una educación básica que le permitiera disfrutar de unos conocimientos y habilidades que le facilitasen la formación a lo largo de su vida. Este hecho es realmente significativo para entender cuál es el papel que las bibliotecas están jugando en nuestra sociedad para una parte muy significativa de la población y cuáles son las demandas funcionales y espaciales que deben cubrir.

Puede que el inicio de este texto tenga un tono reivindicativo que lo lleve a ser visto como algo fuera de lugar en el presente, pero nuestro objetivo es mostrar cómo las infraestructuras y equipamientos que facilitarían y deberían hacer posible el acceso democrático a los recursos que permitan una mejora substancial de nuestra formación personal el desarrollo de nuestras capacidades, están aún muy lejos de lo que nuestro contorno europeo lleva ya años aportando.

El pasado próximo

Desde las grandes bibliotecas de estado, santuarios en los que se acumulaba el conocimiento recogido en los libros, hasta las actuales mediatecas de barrio ¿en qué punto se sitúan nuestras bibliotecas públicas?. Lo cierto que nos encontramos en un punto intermedio que refleja la dualidad presente en el sistema bibliotecario: por un lado la visión que los responsables públicos de la toma de decisiones y por otro lado los bibliotecarios y bibliotecarias que llenan las bibliotecas de contenidos y actividades.

Como marco de reflexión vamos a tomar la ciudad de A Coruña, una ciudad que presenta una red de bibliotecas municipales que puede ser representativa de los modelos de bibliotecas públicas inseridas en la red de barrios de la ciudad y que, por lo tanto, tienen el valor de la proximidad a la ciudadanía para la prestación de servicios y oferta de equipamientos y actividades.

La primera biblioteca municipal de A Coruña se crea en 1927 con 4255 volúmenes y se instala en al Salón de Sesiones de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia en el Pazo Municipal. En los años treinta se construye en los jardines de Méndez Núñez el edificio Atalaia (1933-35), obra del arquitecto municipal Antonio Tenreiro, una excelente obra de arquitectura racionalista que sufrió importantes transformaciones a finales del XX. Este edificio albergaba aseos públicos en el semisótano, una biblioteca infantil y el despacho del jefe de los jardines en la planta baja, y un pequeño bar en la terraza superior. Esta pequeña obra condensa muchos de los valores que hoy son deseables para las novas bibliotecas: emplazamiento en un espacio público significativo de la trama urbana, coexistencia de espacios de ocio y cultura y una imagen de absoluta contemporaneidad en la formalización de su arquitectura. Este edificio permaneció cerrado algunos años y se abrió de nuevo en 1969 recibiendo el nombre de Ramón Menéndez Pidal. Tras un progresivo deterioro de los locales y de la colección, los fondos de esta biblioteca pasan finalmente en 1986 a la sede central de Durán Loriga, a la que fuera trasladada la biblioteca de María Pita en 1978.

Y así es cómo en 1990, cuando ya llevábamos unos años de gestión democrática en los ayuntamientos, en la planta baja de un edificio municipal en la calle Durán Loriga, anterior Delegación de Hacienda, estaba situada la Biblioteca Municipal de A Coruña, un local de 125 m2, obsoleto, deteriorado e inadecuado para prestar servicio bibliotecario.

En ese momento la biblioteca central de A Coruña padece de todo los errores que a nuestro entender afectaban y siguen afectando a las bibliotecas de nuestro país por la visión que los responsables públicos tienen de estos equipamientos:

-Entender la biblioteca como un depósito de libros destinado a un servicio de préstamo y consulta no habiendo ninguna otra actividad el servicio a prestar a la ciudadanía dentro de la biblioteca.

-No se necesitan requerimientos espaciales diferenciados para el desarrollo de su función por lo que, a su entender, puede integrarse fácilmente en cualquier edificio publico en el que halla un espacio sobrante.

Es en 1990 cuando comienza a constituirse el actual sistema municipal de bibliotecas. Así, en 1991 entran en funcionamiento la Biblioteca Municipal Salvador de Madariaga o Biblioteca Central, formada por tres secciones independientes: hemeroteca, biblioteca Infantil y Juvenil y biblioteca de estudios locales. Esta “refundación” no va acompañada de unos nuevos equipamientos, disponiendo únicamente de la incorporación de las antiguas dependencias del archivo municipal en la 1ª planta del edificio de Durán Loriga. Es así como en 1991 la Biblioteca Municipal Central de la ciudad de A Coruña disponía de unos 300 m2 dispuestos en dos salas situadas en dos plantas del antiguo edificio de Hacienda en la calle Durán Loriga, dependencias que a día de hoy siguen sin resolver los problemas de accesibilidad que los escalones de su entrada presentan.

En 1991 la Biblioteca Central era la única biblioteca municipal hasta que se pone en marcha en este mismo año la Biblioteca de la Sagrada Familia, la primera biblioteca de barrio de ciudad. Surge esta biblioteca por iniciativa de la Entidad Benéfico Constructora Sagrada Familia que le ofrece al Ayuntamiento unos locales comerciales que sumaban unos 200 m2 en los bajos de las Torres de la Sagrada Familia. Esta entidad veía en la Biblioteca una salida a los graves problemas que sufrían los jóvenes del barrio. La puesta en marcha se hizo con una mínima adecuación de los locales, tirando tabiques y comprando mobiliario.

Desde 1933, hasta 1995 no se encarga el primer edificio propio para una biblioteca. Un edificio de 375 m2 pegado al centro social del Castrillón. Por primera vez, el arquitecto responsable del proyecto consulta necesidades con la bibliotecaria y al terminar la obra accede a seleccionar el mobiliario de acuerdo con la bibliotecaria. ¡Qué atraso llevamos! Cuando le estándar medio para una población de unos 15000 habitantes esta al rededor de los 1500 m2, nosotros hacemos una biblioteca de 375 m2.

En 1995 e ayuntamiento saca a concurso el edificio del Centro Cívico del Forum Metropolitano. El programa incorpora un espacio destinado a biblioteca pero, una vez más, no se consulta a los servicios bibliotecarios municipales sobre cuál debe ser el programa y necesidades funcionales y espaciales que debe satisfacer este nuevo equipamiento. Los autores del programa, desconocedores de los requerimientos necesarios para estos espacios, solamente destinan 400 m2 claramente insuficientes y que no permiten la básica diferenciación entre los espacios infantiles y los espacios de adultos. Hubo que esperar a 1998 para poder disponer de una sala independiente para la sección infantil con la anexión de una estancia de 200 m2 en la planta baja del edificio.

Hubo que esperar a 1999, en el proyecto de la biblioteca de Monte Alto situada en la tercera planta del centro social -un edificio con un marcado carácter asistencial, carente de imagen institucional y espacios de acogida y con una desafortunada conexión con la trama urbana- para que, por primera vez, una biblioteca municipal dispusiera de un vestíbulo-recepción, una sala infantil y una sala de adultos así como una área de trabajo interno y una sala de reuniones. Esto fue posible ya que es también la primera vez que el arquitecto responsable de las obras trabaja de forma coordinada con los servicios bibliotecarios, estableciendo claramente las áreas y requerimientos funcionales en la procura de optimizar el espacio disponible (647 m2) a lo que contribuyó claramente la propuesta integradora del mobiliario en la definición de los espacios. El resultado fue claramente mejor a la de las anteriores actuaciones pero la escasa superficie del local hizo que la incorporación de nuevos servicios (aula de informática,...) y el aumento de los fondos afectaran substancialmente al espacio inicialmente diseñado. La aparición de nuevas estanterías y el incremento de su altura, generan barreras visuales y disminuyen los espacios libres, afectando a la accesibilidad interna y la continuidad espacial de las estancias.

Ya estamos en 2002. Y hasta ahora no hay en la ciudad una biblioteca municipal que cumpla los estándares mínimos deseables para este equipamiento, con independencia de que existan en la ciudad otras bibliotecas abiertas a la ciudadanía (Diputación, Universidad, Estado,...). Con la remodelación de la Biblioteca de la Sagrada Familia –recordad que era la que estaba situada en los bajos comerciales de las torres da Sagrada Familia- surge la oportunidad de hacer un proyecto de biblioteca de principio a fin, contándose con el arquitecto desde sus inicios. El resultado es un valiosísimo espacio que cumple la función de centro documental, punto de encuentro y de formación en unos espacios con una calidad y definición significativamente superiores a las anteriores. Solamente la limitación de la superficie (740 m2) y de altura (3,50 m) no permitió concluir con una propuesta en la que se pudieran integrar los nuevos servicios y una óptima accesibilidad interior.

En 2006 se decide ampliar la biblioteca del Castrillón que pasará a tener unos 900 m2 y crear la biblioteca de los Rosales con unos 700 m2 asociada al centro cívico. Una vez más los servicios bibliotecarios ofrecen su colaboración en la definición del programa funcional pero todavía esta por ver si sus indicaciones serán tenidas en cuenta. El exceso de suficiencia disciplinar, la negativa a escuchar a los que le van dar vida a los espacios que proponemos, tienen nefastas consecuencias para la buena adecuación de nuestras propuestas a lo que se espera de ellas. No podemos desaprovechar el conocimiento y entrega que los profesionales de otras disciplinas pueden aportar a nuestro trabajo como arquitectos no sólo para la certera solución a las demandas conocidas sino para indagar en las nuevas realidades a las que les tenemos que dar nuevas e imaginativas respuestas.

El presente inmediato

Tras la visión de lo que, a nuestro entender, fue la gestación de la red de bibliotecas públicas municipales de la ciudad de A Coruña con la que pretendemos mostrar cuál es el escenario en el que surgen y el papel jugado por cada uno de los actores, queremos hacer una breve reseña de dónde vemos el presente de las bibliotecas, de lo que está aconteciendo en nuestro contorno cultural con los espacios bibliotecarios y cuáles son los nuevos requerimientos espaciales que las bibliotecas públicas demandan para poder brindar sus viejos y nuevos servicios.

El aula no es el único lugar en el que se produce el aprendizaje. Para alcanzar el éxito en la sociedad de la información, necesitamos poder acceder a opciones educativas individuales que se ajusten a las distintas necesidades de aprendizaje que tenemos a lo largo de nuestra vida. Un entorno que refleja de manera excepcional la diversidad del conocimiento humano es justamente lo de la biblioteca. Es el lugar al que nos dirigimos de manera prioritaria cuando buscamos información, materiales de aprendizaje o formación continua o para pasar simplemente un rato de ocio.

Las bibliotecas, y principalmente las bibliotecas públicas, están en pleno proceso de transformación. La nueva visión de las bibliotecas hace hincapié en su carácter de lugares de encuentro, de centros de relación y comunicación al tiempo que tiene que atender cada vez más a las necesidades de autoformación y formación permanente de la ciudadanía poniendo a su disposición los espacios y recursos que le faciliten desarrollar, según sus intereses y necesidades, los procesos de aprendizaje que necesiten.

Este nuevo marco demanda de las bibliotecas la oferta no sólo del acceso a documentos y información sino también salas de reuniones, espacios de exposiciones y actividades culturales de todo tipo, salas de audición y visionado, lugares en los que poder tomar un café o comer, así como puntos de trabajo individuales y salas de trabajo en grupo: un lugar de encuentro con oportunidades para la inspiración, el diálogo, la contemplación o el estudio.

La arquitectura de las bibliotecas tiene que dar respuesta a todos estos requerimientos. La perfecta adecuación entre los servicios y los espacios en los que se puedan ofrecer redundará en el máximo rendimiento espacial con la mínima carga de gestión añadida. Pero no podemos olvidar que las cualidades de los espacios tienen una gran influencia en nuestro comportamiento y en nuestras sensaciones por lo que, si se pretende promover un determinado tipo de uso, los espacios propuestos a tal fin deben facilitarlo y potenciarlo.

La diversidad de funciones y la diversidad y especificidad de intereses y necesidades de la ciudadanía, determina la necesidad de una mayor variedad en los espacios bibliotecarios. En el diseño de las nuevas bibliotecas entendemos que se deberían seguir los siguientes principios:

• Espacios más abiertos y flexibles, que permitan una adaptación constante a las demandas de los usuarios y a los nuevos medios y soportes de información y comunicación que puedan surgir.

• Localización céntrica en la ciudad o en el barrio, rechazando los emplazamientos marginales o residuales a los que tristemente nos tienen acostumbrados.

• Deben ser diseñadas como una prolongación del espacio público, sin ningún tipo de barreras, con una imagen atractiva que anime a su utilización, conformando espacios de comunicación y encuentro, en el que los usuarios tengan un papel protagonista y se identifiquen con estos nuevos espacios como los que mejor reflejan la ansia de aprender y compartir lo aprendido.

Las bibliotecas públicas son la conexión entre el conocimiento y la sociedad. Proporcionan los medios y servicios que permiten ampliar al máximo el acceso a los contenidos en los más diversos soportes -pasados, presentes y futuros-. Las tecnologías de uso personal conforman una red que funciona continuamente y la digitalización de las fuentes de información tradicional generan nuevas experiencias. El préstamo ya no es el servicio prioritario al tiempo que aumentan los usuarios de las bibliotecas. Este es el nuevo marco en el que se sitúa la biblioteca pública del siglo XXI.

Como ejemplo de esta visión de los nuevos espacios del conocimientos, en el que la presencia de los medios priman sobre la de los fondos, a lo largo de este texto fuimos presentando imágenes de la Mediateca de Sendai, obra del arquitecto Toyo Ito, una excepcional obra de arquitectura contemporánea en la que la idea de los nuevos espacios para la comunicación y el conocimiento se sintetizan en una obra absolutamente novedosa, con la máxima flexibilidad en la distribución en organización de los espacios, en la que están presentes todos los niveles de comunidad-privacidad deseables según circunstancias e intereses y en los que el mobiliario actúa como elemento fundamental en la conformación de los diferentes espacios de la obra. Sirva como ilustración de lo que ya es presente en los países que asumen como prioritario el compromiso con la cultura y la democratización del acceso al conocimiento y la información.

Esperemos que no tardemos mucho en disponer de una red de bibliotecas municipales en la que los edificios tengan la capacidad de posibilitar todas las actividades y servicios que la sociedad demanda y que puede ofrecer el personal que les da vida y los llena de contenidos. Puede que en ese momento estemos acercándonos a los estándares que la llamada sociedad del conocimiento debe brindar a la ciudadanía.

   Atrás       Subir