Del espectacular al relacional. Una apuesta por el trabajo en red y la implantación sociocomunitaria de las políticas culturales

Xavier Campos
Consellaría de Cultura e Deporte
Xunta de Galicia

Mónica Rivas
Casa da lúa, óleo sobre lienzo, 60 x 60 cm. / Corazón fresa, óleo sobre lienzo, 60 x 60 cm.
Paradise, acrílico sobre lienzo, 90 x 136 cm. / Pomba e flor, acrílico sobre lienzo, 89 x 116 cm.



 

 

 

 

 

 

Hablaba hace unos días con amigos con los que comparto la pasión por el trabajo cultural sobre las dificultades que tenemos actualmente los gestores culturales del ámbito público para resituar nuestro papel en un contexto en el que los ciudadanos somos educados desde pequeños en opciones de consumo cultural esencialmente pasivas, espectaculares y orientadas a un tipo de recepción masiva que rechaza todo aquello que considera exigente, minoritario o incómodo de más. Y reflexionábamos también sobre cómo, por el contrario, la labor que desarrollamos desde las administraciones públicas, lejos de admitir este paradigma predominante, tiene hoy que esforzarse por encontrar los caminos que repoliticen de nuevo a la cultura, esto es, la conviertan con otra vuelta en un elemento generador de ideas, valores y sentido para la vida cotidiana. Porque una sociedad como la actual, delante de las incertidumbres, tensiones y malestares que el proceso de mundialización capitalista está provocando en nuestras vidas, acreditamos que precisa de la cultura - entendida en sentido amplio- como toma de tierra y herramienta útil a la hora de afrontar estos cambios.

Por su parte, el cambio político producido en Galicia atribuyes 25 años de gobiernos AP/PP y las radicales transformaciones que el acceso a las nuevas tecnologías provoca en los circuitos y hábitos sociales de consumo cultural confirman, también a nivel gallego, la vivencia de este tiempo como un tiempo de cambios y de crisis, en el sentido primitivo del término. La necesidad en este sentido de más análisis e investigaciones sobre nuestras políticas culturales y sobre los cambios sociales que estamos viviendo es hoy absolutamente evidente e ineludible, y más si no queremos correr el riesgo de acabar dando, aún con la mejor de las voluntades y el máximo de esfuerzo personal, poco más que palos de ciego en nuestra acción cultural. 1  Entiéndase este artículo, sin embargo, absolutamente exento de tal pretenciosidad, y véase simplemente como un acercamiento parcial a algunas cuestiones, cambios de enfoque y prioridades de las políticas culturales en Galicia que nos ocupan y preocupan desde la propia experiencia personal.

El primero, una herencia envenenada

Lo digo a menudo y con convencimiento, pero nunca como disculpa. Arrastramos, todos, una pesada losa. Los creadores, los gestores, los responsables políticos, los activistas del tejido asociativo y amador... todos nosotros venimos –lo hemos vivido o no en función de nuestra edad- de un pasado de 25 años de política cultural en Galicia caracterizada, básicamente, por la confusión entre cultura, espectáculo y propaganda gubernamental y por la ausencia de un modelo integral de desarrollo de nuestros sectores culturales. Esta ausencia de modelo y de proyecto que muchos atribuyeron al PP no dejó de ser, sin embargo, un modelo en sí incluso de hacer política, con consecuencias, eso sí, hallo que perversas para el conjunto de nuestra cultura. Cara los distintos sectores, supuso la política de los despachos y de las soluciones particulares, con resultados eficaces en su desvertebramiento y desactivación; hacia sociedad, el relevo encubierto de la cultura de base por la cultura espectacular (y a poder ser, foránea) y la confusión entre el trabajo cultural público y la organización de macroeventos desde la lógica de las empresas y las comisiones de fiestas.

Siendo generosos, y presumiendo que la acción política del PP respondió a algún paradigma teórico concreto, podríamos subrayar cómo una de sus principales características la apuesta, casi que exclusiva, por el modelo de la democratización cultural 2 , esto es, por la promoción de la oferta de espectáculos para su consumo por parte de la población. La centralidad de la oferta cultural dentro de las políticas culturales públicas, que conlleva la asunción de un papel pasivo para los ciudadanos como receptores, fue acompañada por una cierta obsesión resultadista, que procura y precisa grandes cifras de asistencia para legitimar sus apuestas, favoreciendo a su vez una gran confusión de papeles entre las administraciones públicas y los sectores personales. Así, no resulta extraño, como por ejemplo, observar cómo aun hoy muchos macroconciertos de figuras mediáticas, organizados con una lógica de beneficio clara y legítimamente empresarial, siguen siendo sufragados en gran parte con cargo a los presupuestos públicos de las distintas administraciones, o como con dinero de las mismas destinados a la labor cultural se financian a menudo todo tipo de eventos turísticos, gastronómicos y festivos en los que la componente cultural no pasa, en el mejor de los casos, de coartada meramente colateral.

El problema mayor, a pesar de esto, no es que la apuesta por la oferta de espectáculos fuera la opción predominante en detrimento de otras, sino que la desidia y la intención básicamente instrumentalizadora con la que se hizo provocó que ni los propios objetivos que el paradigma de la democratización cultural búsqueda fueran conseguidos con un mínimo de satisfacción. Muestra de esto es que sólo ahora comienza a haber estudios y análisis evaluadores del nivel de recepción de las programaciones públicas o de los efectos que tienen en la generación de públicos, por poner algunos ejemplos 3 . Y los resultados, por cierto, son desoladores. En estos años, ni se corrigieron las debilidades del mercado, ni se consiguió aumentar el consumo cultural, ni se favoreció la diversidad y la excelencia de la oferta artística ni se sensibilizó y educó a los públicos para una mejor recepción de las diferentes propuestas.

Las instituciones, en los cohetes; y la sociedad...

Frente a la realidad triste del campo institucional -con la honrosa y meritoria excepción de algunos ayuntamientos y ciudades, sobre todo a partir de finales de los 90- , tuvo que ser en general la sociedad civil quien tomara la iniciativa en la promoción, cara dentro y cara fuera, de nuestra cultura. Desde experiencias puntuales como la Burla Negra a la labor constante de las asociaciones pedagógicas, de defensa de la lengua, de la promoción del patrimonio, etc., podemos decir que fue la propia sociedad quien, a través de la suma de estas diferentes iniciativas, se conformó despacio como la verdadera protagonista de gran parte de los proyectos más interesantes que se dieron en la acción cultural en Galicia a lo largo de estas dos últimas décadas, y casi siempre sin contar con el apoyo y con el papel director de una Administración gallega que, en este sentido, dimitió a menudo de sus responsabilidades.

A modo de resumen, podríamos decir que el modelo de política cultural del que venimos se caracterizó por promover el espectáculo cara fuera y por ocultar, cara dentro, los grandes huecos y vacíos que vivieron los sectores y los agentes culturales del país, tanto en el campo sociocultural como en el de los creadores y en el de las empresas culturales. La herencia recogida, en definitiva, no fue un punto de partida idóneo a partir del cual poder seguir construyendo la cultura del país, sino más bien un caos en el que a veces cumplía primero de-construir, en otras ordenar y, en la mayoría de los casos, resolver aquellas cuestiones de mayor urgencia y necesidad. Sólo a partir de finalizada esa primera fase de trabajo, que es justamente el momento en el que estamos ahora, es factible poner encima de la mesa un nuevo modelo de política cultural, verdaderamente transformador, para ir desarrollando en los próximos años.

Las resistencias, como es lógico, van a ser grandes. Entre algunas ya fácilmente detectables y derivadas del propio peso de la inercia de estos años se encuentran, como por ejemplo, la tendencia de las administraciones a seguir centrando su esfuerzo casi exclusivamente en el campo de la oferta, o el propio conjunto de malos hábitos adquiridos por todos nosotros -gestores, creadores, responsables políticos- y que son difíciles de sustituir a corto plazo por una nueva cultura política y social de buenas prácticas y relación cooperativa.

Menos cortoplacismo y más transformaciones

La cultura gallega precisa hoy, de manera imprescindible, de otro modelo de política cultural pública. Y ese modelo tiene que ser integral y estratégico, es decir, tiene que dibujar el horizonte futuro al que queremos llegar y tiene que tener en cuenta todos los planos: lo de la creación, promoviendo la formación, la investigación y la excelencia artística; lo de las industrias culturales, apoyando la existencia de un tejido empresarial gallego que sustente con profesionalidad, saber hacer e independencia el talento artístico existente; el patrimonial, con políticas que favorezcan la conservación y aprovechamiento inteligente de nuestro patrimonio y lo pongan en relación con las dinámicas creativas actuales; y, también y sobre todo, lo de los proyectos socioculturales, que promuevan y busquen la implicación activa de los ciudadanos y su implantación comunitaria a través de la cooperación de los diferentes agentes culturales -asociativos, públicos y personales- existentes en el territorio.

Entendiéndolo así, la Consejería de Cultura anunció públicamente al largo de este 2007 su apuesta por llevar a cabo un cambio estructural en las políticas culturales gallegas. La decisión, substanciada tanto en la ya emprendida reforma interna de la Consejería 4 como en el diseño e implementación de políticas sectoriales integrales -Ley del Libro, Plan Gallego de las Artes Escénicas, etc- trata fundamentalmente de crear herramientas administrativas más eficaces y más útiles para afrontar los nuevos retos que la cultura gallega tiene por delante. No se trata, por tanto, de atender ahora unos ámbitos en detrimento de los otros, sino justamente de trabajar en el desarrollo pleno de todos ellos, a través de organismos especializados y con una permanente interlocución con los sectores.

De esta manera, en los próximos meses caminaremos cara un nuevo modelo de Consejería, cara una Consejería que se esforzará por promover la cooperación y la complicidad entre agentes a nivel social y territorial y que se quiere a sí misma como una eficaz dinamo cultural, mobilizadora de voluntades y recursos e impulsora de proyectos vertebradores y colectivos. En este sentido, los retos de las políticas culturales públicas en Galicia exigen hoy, justamente, la promoción sin complejos de nuestra cultura y de nuestra identidad, a través de una acción política que cree las condiciones precisas para la creación y desarrollo de mayor densidad cultural en el territorio, para la consolidación y dinamismo de núcleos creativos de calidad y para el fortalecimiento de un cierto sector empresarial más estable, autónomo y profesionalizado.

El trabajo cultural en red, una apuesta central para los nuevos tiempos.

Mas vayamos a lo que nos ocupa, porque el análisis del contexto del que venimos y de los condicionantes previos con los que tenemos que trabajar ya fueron, seguramente, más desgranados de lo que cumplía. Centrémonos, pues, en el tema del artículo y hagámoslo dando cuenta de una apuesta: la de la Consejería de Cultura por el trabajo cultural en red, la colaboración entre agentes y los proyectos colectivos de base amplia que se sostengan y crezcan majestuosos a partir de su propia naturaleza compleja y plural.

Aunque la plasmación de esta apuesta por el trabajo relacional en red va a tener -lo está teniendo ya- reflejo en la acción política de la Consejería a través de proyectos de los diferentes ámbitos de la misma, del campo sociocultural y artístico de la D. General al de las industrias culturales del IGAEM/AGADIC, quizás sea en el primero de ellos en el que se va a hacer más evidente. Y esto es así porque la especial atención que la dimensión más social de la cultura va a tener en la nueva D. General de Creación y Difusión Cultural parte de dos convencimientos. El primero, el de la crisis del actual modelo cultural de la sociedad capitalista, caracterizada por la homogeneización de la cultura y por su conversión en simple producción intensiva de mensajes -por lo demás, nada inocentes- elaborados y transmitidos segundo la ley de la oferta y de la demanda. El segundo, la necesidad de promover y construir, desde el ámbito público, modelos alternativos y mismo antagonistas de los predominantes en la cultura actual, que permitan devolver carga simbólica y generación de valor la una cultura que, entendida en sentido amplio, debe ser nuevamente herramienta formadora y transformadora y que, entendemos, precisa fortalecer, para conseguirlo, su presencia en la experiencia vivencial de las personas.

Frente al modelo de la cultura espectáculo que vivimos casi en exclusiva durante años, la apuesta actual va a ir en la línea de priorizar otros caminos, a través de proyectos que permitan que la relación de las personas con nuestra cultura se dé tanto desde la recepción de propuestas como, fundamentalmente, desde el protagonismo y la implicación en la cercanía. Experiencias tan hermosas como los Talleres Olladas de Muller de Ribadeo, Vilar de Santos y Arousa, la creación del grupo musical Malvela de Mos o el proyecto Leña Verde en Boiro y en el resto de la comarca del Barbanza son todos buenos ejemplos, en ámbitos distintos, de que la cultura puede y debe ser importante en la aportación de más sentido y valor para la vida de las personas.

Es justo desde esta concepción desde la que la D. General de Creación y Difusión Cultural, dentro de sus líneas de trabajo para 2008 y 2009, va a poner en marcha una serie de programas socioculturales que, por un lado, nacen a partir de la voluntad de cambiar la lógica del ciudadano receptor por la del ciudadano protagonista y que, por el otro, harán pasar a los gestores y técnicos culturales de programadores de lo que los ciudadanos pueden o deben ver a conectores entre distintas personas, agentes y propuestas culturales, con una función mucho más relacional y orientadora.

Un nuevo programa sociocultural de la D. General

El programa CULTURA NOVA, que comenzará de manera piloto en las comarcas de Barbanza y A Mariña en 2008 y que será presentado antes del final del año 2007 bajo otro nombre de marca, será el primero de ellos. CULTURA NOVA es un proyecto de carácter sociocultural comarcal, destinado a trabajar las relaciones entre juventud y cultura desde la apuesta por la creación de redes de colaboración entre los diferentes agentes (asociativos, institucionales, educativos, patrimoniales, creadores, etc.) de dichas comarcas. La búsqueda de un modelo relacional para la gente joven alrededor de la cultura, que promueva la creación y desarrollo de más densidad cultural, es en sí incluso el primer objetivo de este proyecto, que contará con acciones formativas, con exhibición de espectáculos y con medidas de apoyo a los jóvenes creadores. Los ejes artísticos (Música-Escrita, Imágenes y Jóvenes Escenas), que darán coherencia y unidad a nivel gallego al programa, contarán en su desarrollo preferentemente con colectivos, empresas e instituciones de las propias zonas, procurando la colaboración entre ellas y procurando garantizar la mayor implicación y conocimiento sobre la realidad en la que se pretende intervenir. Para su gestión, la Casa da Parra compostelana será el lugar donde se centralicen los trabajos de coordinación nacional y dinamización de la red de comarcas en las que año a año se pretenderá ir desarrollando este proyecto, con espacios cabecera del mismo en cada una de ellas (el Centro Social de Boiro o la Casa del Patronato de Sargadelos, como por ejemplo, serán los primeros espacios vinculados al Programa Cultura Joven en Barbanza y Mariña).

El trabajo en red en la proyección exterior de la cultura gallega

Al tiempo que se pondrán en marcha nuevos programas de tipo sociocultural o de apoyo a la creación que emplearán como método el trabajo en red de los diferentes agentes, actualmente a Consejería está ya aplicando esta fórmula en algunas experiencias de interés para nuestra cultura. A nivel de programaciones, la vertebración y coordinación de las salas de música en Clubtura y la creación con ellos de la Rede Galega de Música ao Vivo, o en el ámbito musical la puesta en marcha de Galician Tunes, como experiencia compartida por las empresas, los artistas y la Administración para la promoción exterior de la música gallega. Sin embargo, quizás sea en el campo de la colaboración con los colectivos y agentes culturales gallegos de espacios como Barcelona, París, Lisboa o Bruselas en el que la apuesta por unir esfuerzos se vea de manera más clara. Y en este sentido, experiencias como la Refrega francesa o la Red.cat catalana son singularmente interesantes, porque se constituyen como redes de agentes culturales gallegos en esos respectivos territorios para la colaboración en el diseño y gestión de programas conjunto de actividades. En el caso catalán, Red.cat nace además de la experiencia de trabajo compartido en otra red -como fue Nunca Máis de Cataluña- y emplea la gran red de la sociedad actual -Internet- para el trabajo y la relación interna de sus componentes. En este 2007, fruto del trabajo común de la Consejería y de Red.Cat se hicieron en este en Barcelona actividades de promoción de nuestra cultura en el exterior, como el festival musical SonGaliza o algunas de las actividades recogidas en la Agenda Cultural Gallega en Cataluña.

Otros casos, como las actividades gallegas de Muziek Publique en Bruselas, programaciones como la de Portugalizando en Lisboa o proyectos que pueden salir en los próximos meses en Gales y en Madrid están también integrados en esa voluntad de tejer red colaboracional entre la Consejería y las personas y colectivos culturales gallegos en el exterior, dentro de un programa definido de trabajo que, en este sentido, va a promover la relación, interacción y cogestión de actividades tanto entre ellos como entre ellos y la propia Consejería.

Notas

1 En este sentido resulta especialmente importante la puesta en marcha del Observatorio de la Cultura Gallega, fruto del convenio firmado en 2007 por la Consejería de Cultura y el Consejo de la Cultura Gallega.

2 Santerre, Lise (1999), De la démocratisation de la culture à la democratie culturelle. Québec, Ministère de la Culture et des Communications.

3 En la web del IGAEM (www.igaem.xunta.es) se pueden consultar a este respecto,  entre otros, los estudios hechos sobre los niveles de satisfacción de los públicos de la Red Gallega de Teatros y Auditorios, así como los niveles de asistencia a los distintos espectáculos.

4 Está previsto que en 2008 se produza la conversión del IGAEM en la Agencia Gallega de las Industrias Culturales, un organismo que incluirá en sus órganos de decisión a las Consejalías de Cultura, Economía e Industria, y que tendrá como objetivo central fortalecer el tejido empresarial gallego en el ámbito de la cultura. Por su banda, la D.General de Creación y Difusión Cultural centralizará toda la relación con los ayuntamientos y las entidades sin ánimo de lucro y desarrollará todas las políticas integradas dentro de las dimensións más socioculturais y artísticas.

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